Respeto al genio
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante», dijo un día Óscar Wilde y con toda seguridad es lo que le ha ocurrido a Antonio Mingote, eso sí, con una salvedad, que él concentró toda su vida en muchos momentos; momentos que repartió con sentido del humor durante los setenta años que estuvo haciéndonos reír a todos los españoles. Han sido setenta años en los que cualquier persona puede recorrer la historia de España, setenta años de humor gráfico, setenta años de fina ironía, de ácida sátira cuando la situación merecía y, sobre todo, setenta años de respeto al genio que lamentablemente nos deja.
Quizás esta sea la única vez que con Mingote no hemos sonreído, la única vez que asociamos el llanto a su figura.
Mingote ha sido para todos nosotros una persona admirada, un hombre de prolija trayectoria que ha tenido a bien dejarnos más de 23.000 obras maestras y que, sin lugar a dudas, reflejan tanto la micro como la macro historia de nuestro país porque, ante todo, Mingote ha sido un observador.
No me cabe la menor duda de que allá donde se encuentre, seguramente haya sido llamado para seguir haciendo eso que más sabía, que era convertir la anécdota en una broma gráfica sin parangón.
Con sólo 13 años Mingote demostró tener una habilidad innata para dibujar y para demostrar que era un adelantado a su tiempo, una persona que ha sabido trabajar sin descanso para hacernos la vida más llevadera a todos los que hemos seguido su obra y admirado su talento.
Pero sobre todo Mingote será admirado no sólo por su profesionalidad, por su facilidad para hacer bien las cosas y para demostrar que fue un renacentista del siglo XXI, sino por su capacidad para trabajar, por su capacidad para seguir día a día con una sonrisa en la boca intentando dibujar otra en la de sus lectores, una persona que ha vivido como quería vivir y que ha logrado que el café del desayuno, aunque sin azúcar, no fuera tan amargo a tenor de la realidad de los últimos setenta años de España.
Su hueco será difícilmente reemplazable, imposible quizás, pero al menos, podremos ir a las hemerotecas con nuestros hijos para decirles con admiración que «yo conocí a Mingote».
Por último, bien podríamos decir que Mingote será una de esas personas que se ha trabajado la inmortalidad día a día para que, aunque su cuerpo ya descanse en paz, seamos todos los españoles que le hemos admirado los que logremos que su memoria alcance la inmortalidad. Don Antonio Mingote, descanse usted en paz o, allá donde se encuentre, siga trabajando porque es lo que realmente le gustaba hacer.
mdcospedal
Artículo íntegro publicado el 4 de abril en La Razón http://www.larazon.es/noticia/887-respeto-al-genio-por-maria-dolores-de-cospedal (imagen: dibujos de Antonio Mingote)















